LA LA VENGANZA DE ELISA: DEUDAS DE SANGRE
Por: Onésimo "Pipo" Montilla
Sipnosis: Tras veinte años de prisión, Joel cree el destino le ha dado una segunda oportunidad al reencontrarse con su hija. Pero el pasado no se borra con el tiempo, y algunas deudas solo se pueden pagar con un dolor inimaginable. En el camino a la redención, descubrirá que la piedad tiene un rostro que él mismo desfiguró hace dos décadas.
II. El Regreso a la Libertad
Joel fue liberado de una penitenciaría en Colombia tras cumplir una condena de veinte años. Era un hombre de contextura fuerte, medianamente alto, con el pelo rapado y un notable tatuaje de una mujer en su brazo. Al salir de la cárcel, se encontró con Noris, su hija, a quien no veía desde que era una niña de diez años. El abrazo fue un mar de lágrimas y alegría; Joel la encontró "completamente irreconocible", convertida en una mujer hermosa.
Durante el viaje a casa, la realidad lo golpeó: Noris le reveló que su madre, Josefina, se había suicidado una semana después de su sentencia. Destrozado por la culpa, Joel cayó de rodillas en plena carretera. Noris lo consoló con una revelación: su abuela Daria le había confesado que él fue condenado injustamente. Aunque Joel sabía que le había mentido a su esposa sobre lo sucedido antes de ser delatado por su suegra, decidió guardar silencio y refugiarse en el nuevo hogar que Noris y su madre habían comprado con tanto esfuerzo.
III. El Llamado de la Sombras
Al , mientras Noris salía de compras, la paz se rompió con una llamada telefónica. Una voz masculina le dio la noticia que ningún padre quiere escuchar: tenían a su hija secuestrada. La propia Noris, al teléfono, le suplicó que buscara un maletín plateado dentro de una maleta roja en su cuarto. "Parque Paraíso en media hora, o te la envío en pedazos", fue la sentencia del captor.
Joel, con el corazón en la garganta, tomó el maletín y se lanzó al vacío. En el punto de encuentro, fue abordado por una camioneta negra de vidrios ahumados. Bajo amenaza de muerte, fue conducido a una zona rural remota. Al llegar, la visión fue desgarradora: en una habitación oscura, Noris yacía atada, amordazada y desnuda. Antes de que pudiera alcanzarla, un golpe seco con la culata de una pistola lo hundió en la inconsciencia.
IIII. El Juego de la Impotencia
Cuando Joel despertó, el horror apenas comenzaba. Estaba atado a una silla, desnudo, frente a su hija en las mismas condiciones. El secuestrador, con una sonrisa sádica, comenzó un juego de elecciones imposibles.
—¿Qué prefieres? —preguntó, sosteniendo unas tenazas—. ¿Le corto la oreja a ella o a ti?
Joel suplicó por la vida de su hija y entregó su propia carne; la oreja le fue arrancada. El juego escaló en depravación. Ante la amenaza de un empalamiento contra Noris, Joel volvió a ofrecerse como víctima. Finalmente, el verdugo planteó la última elección: los labios de Noris o la virilidad de Joel. Sin dudarlo, Joel entregó su hombría, la cual fue arrebatada de una sola tajada con un cuchillo afilado.
Agotado, desangrándose y roto, el secuestrador le impuso una última humillación para dejar ir a la joven: debía besar las partes íntimas de su hija.
IIV. El Rostro del Pasado
Justo cuando Joel se inclinaba, vencido por el dolor, lo imposible sucedió: Noris se desató con una agilidad antinatural, le propinó un rodillazo que le fracturó la cara y lo mandó al suelo. Joel, escupiendo sangre y confusión, balbuceó:
—Hija... ¿qué está pasando?
Fue entonces cuando la máscara de Noris cayó para siempre.
—Yo no soy tu hija —sentenció ella con una voz gélida—. Yo soy Elisa. Aquella niña que tú violaste y dejaste sin padre cuando te metiste a robar en mi casa hace veinte años.
Elisa tomó la pistola de su esposo, quien resultó ser el "secuestrador", y le apuntó directamente a la frente. Le explicó que cada segundo de su vida había sido una preparación para este momento. Joel, paralizado por un miedo que superaba al dolor físico, empezó a retorcerse y a echar espuma por la boca. Sus ojos se quedaron fijos, dilatados, como si en su último suspiro hubiera visto finalmente el rostro del demonio que él mismo creó.
Comentarios
Publicar un comentario