Francisco "Chico Mono" Cortesía: El Alma de la Mandolina Oriental

 

Por: Onésimo "Pipo" Montilla

Francisco Ramón Cortesía, a quien todos llamamos con cariño "Chico Mono", no es solo un músico; es el testimonio viviente de una época dorada. Nacido el 3 de julio de 1938 en el sector San Luis Viejo de Cumaná, su vida estuvo marcada desde el principio por el paisaje de lagunas y el esfuerzo. Francisco recordaba cómo, para ir a la escuela Marco Antonio Saluzzo, debía cruzar manglares y salidas de agua con los zapatos en la mano, una metáfora de la tenacidad que luego aplicaría a su arte.

Del Cuatro a la Mandolina: Un Camino Autodidacta

Aunque se inició en el cuatro a los 10 años bajo la mirada de su tío Luis Antonio Cortesía, el destino le tenía reservada la mandolina (o bandolín). A los 15 años, de forma totalmente intuitiva y por oído, comenzó a dominar este instrumento. Su escuela no fueron las academias, sino las calles de Cumaná y la observación cercana de maestros como "Chigüao" Rodríguez, Chico Eloy, Daniel Mayz y los hermanos Figueroa. Al ser hoy el último representante de esa "Vieja Escuela", su ejecución posee un valor histórico incalculable.

El Origen de un Apodo con Picardía

Su nombre artístico nació de la mezcla entre "Chico" (por Francisco) y "Mon" (por Ramón). La chispa cumanesa hizo el resto. Una anécdota simpática cuenta que su amigo Luis Hurtado, apodado "El Diablo", le decía: "Si yo soy Tarzán, tú eres la Chita", consolidando así el apodo que lo acompañaría en cada escenario de Venezuela.

Entre la Universidad y los Escenarios

Chico Mono equilibró siempre el trabajo duro con su pasión. Tras diez años en el sector portuario de Guanta —donde fundó "Chico Sensación y sus guaracheros"—, regresó a su tierra para trabajar durante más de dos décadas en la Universidad de Oriente (UDO). Allí, su oficina era el patio y su lenguaje la música, formando agrupaciones como "Paria" y, finalmente, su proyecto más personal: "Chico Mono y sus Monitos", con quienes llevó el joropo estribillo a todo el país (siempre por tierra, pues su miedo a los aviones era tan firme como su pulso al tocar).

Legado y Reconocimientos

Su obra no se limita a la ejecución; es un prolífico compositor con más de 20 joropos, destacando la emblemática "Azucena". Su trayectoria le valió ser nombrado Patrimonio Cultural Viviente del Estado Sucre en 1995 y Maestro Honorario de la UNEARTE en 2012.

A pesar de las placas y medallas, Chico Mono siempre prefirió el homenaje del pueblo: ese llamado de las comunidades para acompañar un Velorio de Cruz de Mayo o una comparsa tradicional. Como decía Estelio Padilla, Chico fue un hombre introspectivo y callado, que dejaba que fuera su mandolina la que gritara la grandeza de su alma. 

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