EL SANTERO DE TEPITO: Cuando el odio invoca a la propia sangre
Por: Onésimo "Pipo" Montilla
Recomendación: Escucha la narración original antes de sumergirte en las letras.
El Relato
La noche caía rápido sobre Tepito. El cielo estaba pesado, cargado de un humo de incienso y tabaco que subía de los techos del barrio más peligroso de la Ciudad de México. En una de esas calles rotas y llenas de baches, una camioneta avanzaba con cautela hasta frenar cerca de una casa que parecía abandonada.
De la camioneta descendieron dos mujeres cuya elegancia resaltaba en un contraste violento con el entorno deteriorado. María, la conductora, avanzaba con un miedo latente, aferrando una caja de cartón de la que emanaba un aleteo inquietante. Lucy, su acompañante, vigilaba los alrededores con nerviosismo. Al tocar la puerta, fueron recibidas por Jacinto, un hombre de apariencia cadavérica; su piel parecía adherida a los huesos, dándole el inquietante aspecto de un muerto viviente.
El interior era un antro tenebroso, apenas iluminado por un bombillo rojo que proyectaba sombras alargadas sobre paredes cubiertas de telarañas. Un hedor nauseabundo a tabaco rancio y agua estancada lo inundaba todo.
El Ritual
Caminaron hasta el fondo. Jacinto tomó la caja, extrajo al gallo sofocado y fue directo al grano. María, consumida por un odio antiguo, exigió una tragedia: quería que la amante de su esposo y su hijo murieran en un accidente. El nombre de la víctima: Gloria Pérez.
El santero comenzó una oración en una lengua extraña y gutural. De repente, degolló al animal, dejando que la sangre caliente bañara una piedra blanca. "El santo se encargará de todo", sentenció Jacinto con una mirada gélida.
La Manifestación
A las 3:00 de la mañana, el canto de un gallo despertó a María. La casa quedó sumida en una oscuridad total y un olor a podrido inundó la habitación. María sintió un tirón violento en su cabello. Al intentar huir, algo golpeó la puerta y cayó sobre su pie: era la cabeza del gallo, cuyos ojos y pico aún se movían en espasmos rítmicos.
Aterrada, sintió que el ave decapitada trepaba por su espalda, enterrándole las garras en la carne. Como pudo, escapó hacia su camioneta y arrancó a toda velocidad.
El Trágico Final
Una hora después, Lucy recibió la noticia: María había muerto en un choque frontal. El detalle era espeluznante: María había sido decapitada por el impacto y el vehículo contra el que colisionó era el de su propio hijo, Luis. Ambos perecieron al instante.
Tres meses después, durante el Día de los Muertos, Lucy visitaba la tumba de su amiga. Allí se encontró con Gloria, la mujer que María quería muerta. Gloria estaba visitando a su padre, fallecido hacía diez años. Cuando se retiraron, Lucy se acercó a la lápida por curiosidad. Al leer el mármol frío, el mundo se detuvo:
Jacinto Pérez — "El Santero de Tepito".
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